19 de agosto de 2015

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SESC TRIATHLON BELEM


Ha pasado mucho desde mi última visita al baúl de los recuerdos, a mis crónicas de papel y boli sentado en un avión de regreso a casa. Porque la competición me hace sentir vivo. Y escribir me da paz.

El deporte ha dejado paso a otras responsabilidades, primero estudio (máster en 2014) y ahora trabajo. Pero aun con el cambio de prioridad, el deporte sigue iluminando mis días.

Tras cuatro pruebas del circuito nacional Sesc Triathlon: Caiobá (6º), Brasilia (2º), Palmas (4º) y Manaus (2º), llego a Belém en parte acomodado, en parte dubitativo.

La fuerte corriente del Amazonas añade ese punto de tensión que me agrada. Para evitarla, corremos en paralelo a sus aguas a lo largo de la playa fluvial en lugar de sumergirnos directamente en su fuerza. Entro a nadar pronto. Demasiado. Detrás de Wesley Matos y con Rafa Fonseca. Nadamos y nadamos. Fuerte. Y apenas avanzamos. El resto, que corrió más tiempo antes de nadar, llegan unos veinte segundos adelantados a la primera boya. Nos hemos cansado más y estamos descolgados. Primer error.


No pierdo la calma. Viendo que Wesley no tiene su día, lo adelanto e inicio la persecución. En la segunda vuelta aprendo del error: corro hasta el final y me ahorro metros contracorriente, esfuerzo y una nueva cara de tonto. En la última boya consigo llegar a la cabeza de carrera. Aun con fuerzas para coger la estela de Chicão Ferreira y abandonar tras él las bravas aguas del Amazonas.

Transición. Sea físico o mental, me falta chispa. De ahí partían mis dudas. El déficit de sueño durante la semana de competición me resta frescura. Encesto las gafas y el gorro en la caja, me abrocho el casco y cojo la bici. Sin chispa. De ahí partía mi sensación de acomodo. Tras tres buenas carreras cometo el error de "olvidarme" de lo que es una competición: una pequeña guerra con guerreros preparados y hambrientos. Sea la falta de sueño o mi acomodación, hoy echo en falta esa rabia que te hace agresivo y te mantiene alerta. Así me monto sobre mi Massi y así se me escapan Iuri Vinuto y Chicão. Segundo error.

Contrariado por la segunda bofetada del día, me uno a Rafa, Wesley y Gustavo Sorbo en la persecución. Wesley cierra el cuarteto sin colaborar con nosotros. Mis piernas - ¿o será mi cabeza? - pesan. Arden. Duelen. Apenas consigo pasar al relevo. - ¿Dónde está el botón de resetear y volver a empezar? - Cansado, me abro y reclamo a Wesley que trabaje. Momento que Sorbo y Rafa aprovechan para atacar y pegarme una nueva bofetada. Quedarme a rueda de Wesley es el tercer error del día.


Delante se forma un grupo de cuatro unidades que camina con la fuerza del sabor de la victoria. Por detrás un grupo de seis donde nos frena el sabor del fiasco. Relevamos y trabajamos con las pocas fuerzas (físicas y mentales) que tenemos. Cuando dejamos la bici, hace 3'20" que el cuarteto de cabeza está corriendo.

Treinta y pico grados. Humedad alta. Esta vez no temo una pájara. Con tres bofetadas acumuladas, me engaño para entregar todas mis fuerzas en una persecución a todas luces improbable. Sufrir hasta el final sabiendo difícil la caza es mi castigo y a la vez mi terapia. La distancia con el 4º se acorta: 1'50" en la 2ª vuelta, 50" en la 3ª. Pero los diez kilómetros solo valen para probar mi capacidad de sufrimiento.


5º puesto. Una carrera dura. Tres errores. Malas sensaciones. Pero también una lucha romántica, conociendo el triste final de una remontada en vano, y un refuerzo de mis capacidades. Una cura de humildad. Más rabia para la próxima batalla: 27 de septiembre, Salvador de Bahía. Diversión con los parceiros Ribeiro y Henrique. Y una nueva prosa de paz. Seguimos aprendiendo. Seguimos disfrutando. Lume!

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