12 de julio de 2012

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COPA DEL REY DE TRIATLON

5, 4, 3, 2, 1,... ¡adelante! Unos pasos sobre la arena. Otros sobre el agua. Empezamos a nadar. Braceo fuerte para colocarme en cabeza. Espera, ¿a que boya tenemos que dirigirnos primero? Voy hacia la izquierda. Hasta que Diego y mi sentido común me hacen rectificar a tiempo de perder un tiempo precioso. -"Cada día pareces más globero, Antón"- pienso.

Estamos en Pulpí. Copa del Rey 2012. Contrarreloj por equipos. Dos minutos antes que nosotros, partió el Diablillos de Rivas. Dos más tarde lo hará el Fluvial de Lugo. Abro la fila del Arcade Inforhouse. A mis pies Diego Paz, Vasco Pessoa, Brais Canosa y Roberto Barral. Cierra la fila Iván Raña, encargado de vigilar que todo suceda bajo control en estos 750m de natación.

Constante. Respiro cada cuatro brazadas. Sintiendo que circulo con un remolque de cinco unidades que debo cuidar hasta la orilla. En el paso por las boyas miro hacia atrás. Todo en orden. Los vagones circulan como pegados con cola. Meto una marcha más. Rápido, aprovechando nuestra fortaleza en el mar. Constante, para que no haya descarrilamientos. En los últimos metros empiezo a acumular fatiga. Buena señal.

Tocando la arena nos cantan que hemos recuperado 25" a los Diablillos. Solo el primer paso. Juntos corremos hacia boxes. Juntos nos colocamos el caso y saltamos sobre las bicicletas. Muy pegados, siempre muy pegados para aprovechar nuestras fortalezas. Con las primeras pedaladas siento algo extraño. un plástico se ha pegado a mi rueda delantera. Pedaleo unos metros con mi mano acariciando el neumático. En balde. Está fuertemente pegado. Ya caerá.

O yo mismo. Primera curva. Tumbar con un plástico en la rueda no es buena idea. Tras evitar la caída, paro en seco. Muevo la rueda hasta localizar al maldito plástico. Vuelvo a anclar las zapatillas a los pedales y arranco con fuerza. Me parecen escasos segundos, que se vuelven interminables cuando los comparas con el tren cebra que circula ya a 50km/h. Un tren que apenas puedo ver al fondo de la recta. Entre medias varios equipos de doblados que imposibilitan que mis compañeros me divisen en su persecución. A tope. No tengo otra opción. Adelanto solo a varios equipos. Por la izquierda o por la derecha, circulo poseído en búsqueda de mis compañeros.

En la mitad de la subida comienzo a pagar mi sobre esfuerzo.  Ahora sí observan mi ausencia, pero un último equipo doblado delante de mi, les imposibilita verme. Ellos pierden unos valiosos segundos durante la duda. Y yo pierdo la esperanza cuando los veo proseguir su camino con fuerza. No me doy por vencido. Mientras esté a menos de 30" de ellos, puedo seguir en carrera. Aprieto autoconvenciéndome de que aun podré ayudar. Hasta el inicio del tercer giro. La moto del juez me da la humillante noticia: "estás a más de 30" de diferencia de tu equipo, tienes que abandonar la carrera".

El tren cebra avanza al ritmo de Iván. Los cuatro "torturados" poco pueden colaborar. A pesar del problema, se bajan a correr con el mejor tiempo, empatados con los Diablillos. En la T2, otro contratiempo. Roberto golpe su pié con los radios, y tiene que decir adiós a la prueba. Iván, Brais y Vasco apoyan a Diego. El calor, y sus castigadas piernas por la bicicleta "tras moto-Raña" lo alejan de sus siempre altas prestaciones. Desde el primer metro de este último segmento, Diablillos de Rivas se erige como merecido campeón. El Fluvial de Lugo, con otra gran carrera, se hace con la plata. El bronce nos deja contrariados, pero incluso en un día malo, seguimos siendo competitivos. La Copa del Rey es el trofeo que falta en las vitrinas del Arcade Inforhouse. El año que viene volveremos con nuevas esperanzas.

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