13 de marzo de 2012

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GROENKLOOF NATURE RESERVE

O donde hacer realidad el sueño de cualquier europeo. Groenkloof. Oasis de vida. Sin apenas salir del bullicio de la urbe, uno parece haberse desplazado como por arte de magia hasta una idílica sabana en el corazón de África. Solo tras subir hasta lo alto de alguna de las colinas, y divisar al fondo la silueta de los escasos edificios altos de la ciudad financiera, uno es consciente de lo extraordinario de este pulmón de vida en Pretoria.

Un pequeño paseo en coche y 2´5€ a pagar en la entrada para contribuir a su conservación, es lo que necesitas. Atrás quedan ruidos, prisas, preocupaciones. Por unos minutos, por unas horas, entre sus amplias fronteras uno vive en comunión con la naturaleza. Perfectamente señalizados, varios senderos recorren cual arterias los entresijos del parque. En fusionar deporte & naturaleza, Sudáfrica nos lleva años de ventaja. Muchos. Caminos diferentes según tu interés: pasear/correr o bicicleta de montaña. Incluso hay un espacio para los 4x4.
La Reserva Natural de Groenkloof se encuentra cerca de Fountains Valley. El valle, en las afueras del sur de Pretoria, fue proclamado como santuario de juego por el Presidente Paul Kruger el 25 de febrero de 1895, siendo el primero en África. Su principal objetivo era proteger a la colonia de tímidos oribi, que estaban siendo exterminados por los cazadores. En 1994, la reserva pasó a ser responsabilidad del Departamento de Conservación de la Naturaleza, que re-introdujo diferentes especies: impala, kudu, ñu azul y avestruz. Un poco más tarde fue el turno de la jirafa y el antílope rojo. La fauna aquí presente también incluye cebras, chacales, y diferentes antílopes, además de una amplia variedad de pájaros.
Los senderos son de por sí espectaculares. Zonas realmente técnicas de trail suceden a un cómodo camino en el valle entre las colinas. Por momentos corremos entre frondosos arbustos africanos protegiéndonos del Sol. Tras un par de giros bruscos, la pista desemboca en un amplio descampado. Tranquilamente, a nuestro lado, una familia de cebras con su cría de escasas semanas. Junto a ellas un par de imponentes ñús nos recomiendan no acercarnos demasiado.
¿No dije que hay serpientes? Vaya susto, por escasos centímetros no piso a una enorme cobra que se relajaba al Sol. Trotando por el valle divisamos los cuellos interminables de una familia de jirafas en lo alto de una colina. Así a lo lejos, se confunden con robustos troncos de árboles. Hacia allá vamos. El ascenso no es fácil, el corazón golpea con fuerza. Antes de culminarlo, recibimos otro regalo: una solitaria jirafa se alimenta a nuestro lado. Damos un respiro a corazón y piernas para tomar unas fotos. Para disfrutar de la paz de semejante paraíso.
Antes de regresar al coche, con 1h20´ de más que placentera carrera, aun hay tiempo de más regalos. Una veintena de asustadizos antílopes cruzan a saltos el sendero justo unos metros por delante de nosotros. A nuestra izquierda una familia de avestruces. No nos acercamos mucho, una cría recién nacida, alterna al macho que nos vigila desde lejos. Y unos pasos más adelante, la familia de jirafas que divisamos desde el valle. Desde aquí divisamos al fondo los edificios que nos recuerdan la proximidad de la ciudad. Aun hay tiempo para más, a poco de concluir nuestro paseo, otra familia de cebras nos parece decir hasta pronto.
¿Algún sitio mejor para hacer deporte o para pasar unas horas en plena naturaleza? Y todo a un paso del centro de Pretoria. Espectacular. 

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