21 de diciembre de 2011

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AVENTURA EN NAMIBIA

-"Good evening!"-
-"What? Do you mean good morning?"-
-"No, good evening. It´s still night"-
Son las 5:00 de la mañana, el Sol aun se esconde tras las montañas. Intento prolongar los últimos momentos de remoloneo dentro del saco de dormir. Vaya error de novato. La tienda de campaña que acabamos de alquilar no nos dejó descansar demasiado. Bueno, más bien, el sitio donde la colocamos. La fina capa de hierba escondía las raíces del árbol que nos cobijaba. Demasiado duro. El cuerpo nos despertaba cada pocos minuto quejándose y pidiendo cambio de postura. Dormir en en suelo nunca es como hacerlo en un sofitel, y menos cuando no has pensado en que necesitarías una esterilla para estos días.

Todas las molestias se olvidan con el olor del desayuno. Mientras lo disfrutamos los guías nos dan las primeras explicaciones. Las canoas son para dos personas. Junto con Richard, empaquetamos nuestras cosas: dos pequeños cubos impermeables para cada uno, una nevera con muchos litros de agua y la tienda de campaña. Estamos preparados para cuatro días de aventura.
Tres horas después de levantarnos, empezamos a palear por las templadas aguas del río más largo de Sudáfrica. Los primeros kms discurren por aguas tranquilas. Incluso el verde domina las orillas. Luego descubriríamos que era un pequeño espejismo. La extrema fuerza del sol, antes de las 9:00 ya nos daba algunas pistas. La protección solar va a ser primera necesidad estos días. La gente se unta de blanco la cara. Gorros, mangas largas, toallas para cubrir las piernas,... cada uno se protege a su manera.

El río Orange, conocido como Gariep hasta que los colonos holandeses le cambiaron el nombre, nace a más de 3000m de altitud en las montañas de Lesoto. Sus 2200km lo convierten en el río más largo de Sudáfrica y, pese a no atravesar ninguna de las principales ciudades del país, es un pulmón fundamental para su economía. Con él se produce energía eléctrica y se extraen fundamentales riegos para la agricultura mientras atraviesa las áridas zonas del centro del país. Además sus aguas sirven para delimitar las fronteras de Lesoto y Sudáfrica, y las de Namibia y Sudáfrica durante sus últimos kms antes de desembocar en el Atlántico.
Nuestra excursión mezclaba zonas tranquilas con estrechos rápidos que ponían tensión en el viaje. Estamos en pleno verano, y el caudal del río es realmente raquítico comparado con las orillas que se intuye que tiene en invierno. Eso hace que haya rápidos, zona de aguas poco profundas donde la corriente es realmente fuerte. Sin duda, son las partes donde más disfrutamos del rafting. Algunos llegan a volcar la embarcación de varios compañeros. Richard y yo tenemos algo de suerte y simplemente chocamos con alguna roca sin más complicaciones.

Tras más de 20km y varias horas paleando bajo el sol, tocamos tierra para preparar el campamento para pasar la noche. Estamos a 45ºC, las escasas zonas verdes hace tiempo que se han quedado atrás. Fina arena en la orilla y millones de rocas. Montañas de rocas perforadas durante millones de años por las aguas para formar este inhóspito paraje. Por si no era evidente, estamos en el desierto de Namibia.

Corremos para coger sitio en la ligera sombra de los dos únicos árboles que hay en toda la zona. Otro error de novato. Nuestro árbol está alejado del agua, el calor es insoportable. Mientras vamos río abajo no somos conscientes de la temperatura. Al parar y buscar campamento percibimos su verdadero poder. Montamos la tienda en la pequeña sombra, nos creemos contentos por ello. Pronto descubrimos que aquí el viento es demasiado fuerte. El aire que barre el cañón nos rebota el calor de las rocas al tiempo que mece nuestra tienda como a un bebé asustado. La arena se cuela dentro y ya cubre lo que se supone que será donde dormiremos.
El sol al fin se esconde tras las montañas. La canoa descansa encallada en las rocas. Tras la cena decidimos dormir en la orilla del agua. La fina arena es nuestro colchón, el precioso cielo lleno de estrellas es el techo de nuestra habitación. Solo me falta conseguir una almohada. La consigo con el chaleco salvavidas. No son las comodidades de la civilización, pero será una gran noche. La primera de nuestros cuatro días de aventura.

1 comentarios:

  1. "La fina arena es nuestro colchón, el precioso cielo lleno de estrellas es el techo de nuestra habitación."
    Me quedo con esta frase como referencia cabal de lo inolvidable que habrán sido estos 4 días.
    Quiero saber como fueron los otros tres, por cierto, en textos y fotos igual de hermosos.

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