17 de noviembre de 2011

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SEAVIEW LION PARK

Domingo. El mal trago del debut triatletico no duró demasiado. Horas después de arrastrarnos, cambiamos la bici por el coche, camino a uno de tantos parques donde uno puede contemplar la vida salvaje. Para cualquier europeo, incluso para uno que viene del  verde país de las lluvias, es imposible no asombrarse ante estos parajes. La primera foto, para uno de los "cinco grandes". Así se conocen a: león, elefante, búfalo, guepardo y rinoceronte. Es una observadora leona, estamos a apenas dos metros de ella... ¡pero dentro del coche!
Antes de entrar en el parque nos quedó bien clara la prohibición de bajarnos del vehículo, salvo en las zonas habilitadas para ello. Uno conduce por alguno de los senderos del parque y se va encontrando animales. Los blesbock (foto superior) se mostraban con frecuencia a nuestro paso. Cabeza siempre blanca. Cuernos imponentes. 
 
Si a algún animal en particular tenía ganas de fotografiar, esa era la cebra. Una divisamos, pero demasiado lejos para nuestro objetivo. Los más parecido que "atrapó" la cámara fueron los nyalas. Curiosa la diferencia entre las femias (foto superior) y el macho (foto inferior).
También había sitio para animales más grandes. Este ñu nos intimida mientras su compañero pace relajado.
Pero faltaba el rey de la jungla, el animal que da nombre al parque: los leones impresionan. Mucho. Junto a los tigres, eran los únicos ejemplares que estaba separados del resto del parque. Tenían su zona delimitada mediante alambradas. Bajándose de cuclillas, la respiración de esta fiera caminando a unos cm de nosotros es... sobrecogedora.  León y leones estaba igualmente separados en diferentes zonas. Había también leones blancos, una especie más difícil de observar.
No podíamos quedarnos sin la jirafa. Su impresionante cuello se alza entre los árboles buscando las hojas más tiernas.
Y antes de despedirnos, un pequeño regalo. En la zona de protección del parque nos encontramos estos gatitos. Dos tigres de apenas siete semanas de vida; a los que tienen que separar de sus progenitores porque estos o los matan o los abandonan. Mi limitada compresión no me permitió preguntar por qué. Quizá sean leyes que solo entienda la sabia naturaleza. Junto a ellos, cuatro pequeños leones, dos de ellos blancos. Viéndolos así de juguetones, hasta tiernos, cualquiera pensaría que se convertirán en esas preciosas bestias del reino natural.

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