3 de octubre de 2011

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I MARCHA MONTE GAIÁS


El domingo era un día emotivo. Con motivo de la I Marcha Monte Gaiás, más de doscientos ciclistas y amantes de la bicicleta nos reunimos para disfrutar de una mañana sobre las dos ruedas. Además, el objetivo era doblemente bueno, homenajear a uno de nuestros vecinos realmente ilustres: David Blanco. Cuatro vueltas a Portugal es un trofeo no suficientemente valorado por la prensa deportiva de nuestro país, demasiado preocupada en el fútbol o en baloncesto como para resaltar el duro trabajo de un solitario triunfador.

El buen tiempo acompañó a una sobresaliente organización del CC. Botafumeiro, arropado por otros equipos como Os Esfola Arrós o Club Oliveira. Pudimos disfrutar de un recorrido con salida en la Plaza del Obradoiro y espectacular final en el Monte Gaiás. Entre medias 108km pasando por Padrón, Alto do Muralla, Noia, Alto de San Xusto y Bertamiráns.

Los tramos neutralizados mostraban el buen ambiente mientras rodábamos al lado de "grandes" como el propio David Blanco, Ezequiel Mosquera, Delio Fernández, Iván Raña, G. César Veloso, Oliveira,... Pronto nos acercamos al primer tramo libre. Curva de 90º a la derecha, el pelotón se enfila al tiempo que topamos con las primeras rampas del Pico Muralla. 11km de subida con unas vistas privilegiadas hacia la ría. Hablo de vistas por otras veces que visitamos esta carretera, hoy no podíamos ver más allá de las gotas de sudor que regaban nuestra frente. Iván y yo exprimimos nuestras MASSI coronando en primera posición. Avituallamiento. Mientras nos volvemos a agrupar reponíamos fuerzas y contábamos batallas.

La historia se repite en la subida a San Xusto. Calentón hacia arriba y parada regeneradora antes de iniciar el descenso. Aquí mis piernas ya notaban el paso de los kms y solo pude ser cuarto tras el dominador Raña, Pena-Manso y David Blanco. ¡Vaya calentón otra vez! Mientras nos acercábamos al desenlace final, me autoconvencía de que no lucharía más, -"estoy reventado"-. Fue bajarse la bandera que marcaba la competición y levantarme sobre la bicicleta. Sin demasiado convencimiento, pero estaba dándolo todo otra vez. Por poco tiempo, varios tirones ahogan mi pierna izquierda. -"Bueno, ya tengo una excusa para autoconvencerme de no forzar"-. Lucho por relajar mis músculos al tiempo que subo con calma. Me permito el lujo de disfrutar de la incomparable Cidade da Cultura. Aun sin terminar nos muestra su belleza descomunal. Llego a casa con ciento y pico kms en unas piernas dulcemente reventadas y la alegría de una buena mañana de deporte.

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