19 de julio de 2010

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GRAND PRIX DE PARÍS

Entramos en boxes todos juntos. La rutina nos convierte en robots en la preparación del material mientras mentalmente repasamos otra vez nuestro paso por las transiciones. Zapatillas de correr, casco con las gafas y las LOUIS GARNEAU ancladas con gomas que le pido a Julien. Unos visitan por última vez el baño y otros aprovechamos para trotar y acelerar el calentamiento físico y mental. Nos cercioramos de que todo está listo y nos dirigimos al agua, donde pocos pero intensos metros nos aseguran no perder temperatura cuando lo que queremos es calentar. Preparados para la batalla.

Hasta aquí todo es normal. y sería común si no estuviesemos en el Sena, a los mismos pies de la Torre Eiffel. En breves instantes comienza el GP de París.

Primeras brazadas eléctricas para abrirse camino. A los 30 metros veo que nuestro compañero Pimenov se aventaja. Hago mi apuesta. Sus pies me transportan plácidamente hasta la primera boya. Los "tiburones" van por la izquierda pero nosotros avanzamos solos por la derecha; la única opción que tuvimos para elegir en el pontón de salida.

Pasamos las boyas sin ningún golpe, los problemas empiezan enfilando la última recta en el río. Amanece en París y el Sol consigue cegarnos. Un despiste y una pequeña lucha con Lescure me dejan solo. A cinco metros veo a mis hasta hace nada compañeros pero los brazos se vuelven pequeños y no consigo remontar. Abandono el Sena en 22ª posición. Diez segundos me separan de alcanzar el grupo de elegidos.

La bici es otra historia a la habitual. La velocidad sigue siendo endiablada pero la facilidad del circuíto multiplica la facilidad de ir a rueda. Dos rectas de 2km paralelas al Sena configuran un recorrido que con los túneles que atravesamos nos hacen creernos monoplazas. Los 14 elegidos hacen otra carrera por delante. Los Brownlee y Vincent venciendo en el sprint a Gemmel subirán al podio individual. Nuestro grupo se va poblando, llegando a boxes somos 50 triatletas volando en París.

Unos espectaculares boxes en Trocadero ultrajan mi resultado. Incapaz de mantener la buena posición que traía en el grupo me calzo las zapatillas de correr en las últimas posiciones del pelotón. Corro, mucho, lo que me dan las piernas, pero apenas puedo progresar diez posiciones. La falicilidad de esta bici viajando en grupo hace que todo el mundo corra sus mejores 5km. Entro en meta el 42º dando la 9ª plaza al Saint Jean de Monts.

El 33º es mi coñpañero Tutukin, marcando los mismos 15´26 me aventaja en nueve puestos. La próxima vez necesito enrabietarme para entrar en la transición. Sin contar a los extraterrestres Brownlee y a Mola (14´24) me quedo a 35" de los siguientes mejores parciales pedestres (14´51 de Clarke o Gemmel). Aprobado para natación y carrera que no pueden empañar un pobre 42º puesto.

Son las 8:10 de la mañana y charlamos bajo la Torre Eiffel. Hemos hecho un triatlón y tenemos todo el día por delante para perdernos por la capital del amor. ¡Hay que ver cuantas posibilidades se abren al levantarse a las 5 de la mañana!

2 comentarios:

  1. Tampoco está tan mal. Lo peor siempre es llegar el último o el cuarto. Enhorabuena.

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