31 de octubre de 2009

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AUSTRALIA

Si, tengo que reconocerlo. Ya no tiene sentido el seguirme escondiendo. Los gastos económicos, las ansias difícilmente contenidas y, sobre todo, por mucho que los músculos de mi cara se quieran contener, la expresividad de mis ojos al oír su nombre, me delatan. 

Quizás el admitirlo me ayude a superar este problema. Pero... "¿qué problema?" -rápido me vuelvo irascible- "¡No es ningún problema!" -trato de convencerme- .La apretada situación de mis bolsillos me contradice. Sin pensarlo agarro esa vieja hucha de latón corroído, convencido de que podría contradecir esa blasfemia de mis bolsillos.

Nada. Bueno si, una asquerosa tela de araña es lo único que oculta ese cacharro de latón. Ni rastro de monedas, y mejor no hablar de billetes. Irremediablemente choco con la realidad. Quizás entonces sí sea un problema, ¿seré adicto?

Agacho la cabeza y,... consciente, lo admito. Tengo un problema, un problema de adicción. Me derrumbo cuando en voz alta pienso, ¿seré drogadicto?

Lo he dicho, ya no hay vuelta atrás. Pero no soy un drogadicto de esos de cuchara y jeringuilla, de chandal y soportal como guarida. No. Soy un drogadicto de una droga positiva llamada VIAJAR.

Cada cierto tiempo mi cabeza no puede más, necesita una nueva ilusión en forma de nuevos planes, nuevos pensamientos de nuevos sitios que descubrir. Ilusiones mentales que rápido se transforman en placenteras realidades recorriendo mi interior, realidades que en un instante galopan a toda velocidad por mis venas. Y me gobiernan. Y me superan, me relajan. 

El cuerpo me lo pedía y le he metido el chute más grande y apasionante que pude encontrar. Australia nos espera. El bolsillo y esa vieja hucha harán que pase un tiempo sin más inyecciones, pero el bienestar actual de estas seis semanas previas a la partida y, por supuesto, su propia esencia en las antípodas, hacen que gratamente valga la pena.

Australia, there we go!

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