29 de mayo de 2013

COPA DEL MUNDO ITU HUATULCO

Piensa en algo agradable. Sí, esos deliciosos "jugos" naturales de frutas exóticas que cada noche degustamos antes de cenar, vale. Poco dura su efecto placebo. Me encanta el agua caliente, pero los 30ºC del Pacífico y el fuerte ritmo de Aurelien Raphael (FRA), me hacen sentir incómodo. Por una vez hasta deseo que llegue la agonía de correr por la arena para iniciar el segundo giro de natación. 

Había hecho los deberes llegando 4º a la primera boya. Para ello había corrido con fuerza por la arena antes de zambullirme en el mar. Y sabiamente me había movido desde el flanco central hacia la punta izquierda en la que el francés se destacaba, arrastrándonos a varias triatletas a su estela. Voy sufriendo por ritmo y calor, disfrutando por saber mi privilegiada posición entre los mejores nadadores.

Segunda vuelta. Dejo pasar a Knabl (AUT) y Barraza (CHI). Por fin me relajo, siento que nado largo. Por poco tiempo. Se acerca la transición. Y la sauna. Cambiamos los 30ºC del agua por los 35ºC de ahí fuera. Cambiamos gorro y gafas por casco y bicicleta. Seguimos mojados, del mar azul turquesa a un mar de sudor que ya acaricia nuestra piel.

Comienzo a pedalear en cabeza. Un repecho y su bajada. Giro para volver a subirlo. Y bajarlo. El grupo es numeroso; la gente se mira con respeto ante lo que nos espera. El falso llano hacia arriba termina en el matadero. 300m de pared al 18%. Plato pequeño, empiezo sentado con pedaleo alegre para acabar de pie atrancado, tirando de riñones. Arriba respiro. Ya está, "solo" quedan siete pasos.

El miércoles tuve mi bautismo en la mítica cuesta de Huatulco. Cinco series con los amigos argentinos Taccone y Tellechea llegan para torturarme. -"No te quiero ver más, hasta el domingo"- le dije a la maldita subida. Y así fue, salvo alguna visita fugaz que me hizo en sueños. Quiero decir, pesadillas.

Giro en el pavé. Cuarto y úlitmo repecho que enfilamos antes de la bajada reina. ¡90km/h botando sobre sus baches y asfalto rugoso! Para valientes. Así llegamos hasta boxes. Vuelta a empezar. "Solo" quedan siete vueltas.

Raña se escapa con Ventura (POR) Cabeza fría. En mi mente retumban las palabras que más me repetían antes de salir: es una carrera de supervivencia. En la siguiente cuesta-de-la-muerte los neutralizamos. Corono entre los cuatro primeros de un grupo que sigue perdiendo integrantes. Alguno ilustre, como el olímpico Grajales (MEX). Al tiempo que otros entrarn: Parienko (RUS), y Taccone y Tellechea (ARG) demuestran su podería al recortar los 50" de desventaja con los que iniciaron el ciclismo.

Raphael (FRA) inicia su aventura en solitario. Por detrás, sin llegar a unirse, también sale Taccone. Y Facchinetti (ITA), al que más tarde cogemos. La cuesta-de-la-muerte se me hace cada vez menos dura. Ni rastro de las penurias que me regaló el miércoles. Corono siempre guardando un punto en cabeza, buscando algún corte de al menos cuatro o cinco integrantes. Cada giro la gente se retuerce más, yo le voy cogiendo el gusto. Sello la paz, ya no eres más de-la-muerte. Disfruto retorciéndome sobre la MASSI empapado en sudor sobre la extraordinaria pendiente.

Casi 1h30 de carrera. Boxes. Empiezan los 10 km de carrera a pié. Por unos eternos segundos no puedo respirar. Agua congelada que los voluntarios nos entregan en cinco puntos del circuito resbala por mi piel perennemente empapada. Benditos segundos antes de volver a la sauna. Seguimos. Sufriendo. Huatulco es sobre calor, cuestas, sudor y sufrimiento. Ataco en la primera bajada. Me lanzo a por la cuarta plaza. En el observo que hice daño. También a mi. Pequeño vómito que me recomienda levantar el pié. Así formo un grupo con los brasileños Matheus, Carvalho y Pimentel, y Sarmiento (MEX). Parienko (RUS) lanzado a por lo que es su primer triunfo en una Copa del Mundo. Taccone (ARG) aguanta extraordinariamente la 2ª plaza. Mientras que el héroe local, Perez (MEX) vuela hasta el bronce. Tras rebasar al francés y quedarse Sarmiento, corro entre los brasileños, del 4º al 7º. Hasta que Matheus se va. Carvalho lo intenta. Fatiga. Calor. Sudor. Me quedo con Pimentel. Vamos, solo 2 km más. Es cuando miro mi pulsera verde. Esa de los días de sufrir de verdad. Esa que resuena en mi mente: "nadie dijo que iba a ser fácil". Ataco. Alcanzo a Carvalho. Se queda. Pero Pimentel aguanta. Me pasa. Me ataca. Cierro los ojos, lo poco que podían permanecer abiertos. Se me va. Y veo la meta. ¡Sí! Brazos arriba. Gesto de rabia. ¿Qué hay cuando traspasas la barrera del sufrimiento? Calma. Mucha calma. Cruzo la meta en una nube. Ruanova 6º en la Copa del Mundo de Huatulco. Sí, no se si exactamente igual que como en aquel sueño, pero esta realidad ya la había soñado. Lloraría, gritaría, saltaría, pero estoy en paz. Estoy en calma. ¿Será el esfuerzo? ¿Será la satisfacción? ¡Viva México cabrones!

16 de marzo de 2013

SUEÑOS


El tiempo vuela. Más cuando sientes que lo estás aprovechando. Más cuando disfrutas. Anteayer estaba levantando los brazos en el paseo de Ponta Delgada en mi cita anual con el Triatlon de las Islas Azores. Ayer me relajaba durante las merecidas vacaciones de cuatro semanas para recargar baterías. Y, casi sin darnos cuenta, estamos otra vez en faena. Unas semanas de adaptación a la rutina; bueno, más bien unos días. Las baterías tan cargadas no ayudan a empezar despacio. Pero aunque no despacio, buena letra por favor. Esas malas sensaciones, con el corazón disparado y sin embargo piernas frescas por el descanso reciente, se van tornando en mejores impresiones y pulso en valores normales, al tiempo que volvemos a tener piernas “patapalo” quejándose con cada escalón que nos hacen subir conforme encadenamos entrenamientos.

Me encantan estas semanas. Sí, sé que en este menú de las primeras semanas de entrenamiento falta el ingrediente principal: la competición. Pero es tiempo de trabajar sin prisas. De acumular. De poner en práctica todo lo aprendido en los anteriores meses de lucha. Y si por algo de verdad me gustan, es porque son semanas para soñar. Empezar a diseñar el calendario conlleva ineludiblemente emocionarse con los próximos retos. Bocetos, propuestas, ideas,... pero sobre todo sueños. ¿Quién no se imagina haciendo la carrera de su vida en esa prueba que justo acaba de decidir que será su gran reto para este 2013? ¿Quién no sueña en voz alta con todo lo que va a mejorar poniendo en práctica todo lo aprendido en los anteriores meses de competición? ¿Quién no se emociona en estas semanas sabiéndose capaz de romper de nuevo sus límites? No lo puedo evitar, sé que son días fríos, con lluvia y sin carreras en el horizonte cercano, pero soy un soñador confeso. Me encanta la llamada pretemporada. Me crezco cada día. Y por muchas capas de ropa que lleve encima y mucha lluvia que resbale por mi cara, mi cabeza está divisándome en bañador, bajo un Sol de justicia, levantando los brazos tras realizar un carrerón en ese gran reto del 2013.

Y si hablamos de Sol, ¿por qué no ir en su busca y hacer esas fantasías veraniegas más reales? Por segundo año, estoy en Sudáfrica, con mi “familia sudafricana”. Como me decía la madre de Richard Murray al recogerme en el aeropuerto: “Bienvenido a tu segunda casa”. Acorto los casi cinco meses del pasado año, por cuatro semanas. Algunas cosas han cambiado. Recuerdo a Richard desviviéndose por encontrar a un sponsor de bicicleta que no aparecía. Ahí aprendí una primera lección: “si en la vida quieres ganar algo, primero hay que invertir, hay que gastar dinero de nuestro bolsillo”. Tras intentarlo por activa y por pasiva, Richard terminó comprándose su propia bici. Ley de Newton. Unos días después conseguía el patrocinio de otra casa comercial. Este año su garaje está lleno de bicicletas, tope gama. Una de las marcas más deseadas ha llamado a su puerta, y no solo con material. La historia es extensible al resto del equipamiento. Por mérito propio se ha convertido en uno de los “big names” dentro del circuito ITU y por mérito propio se ha ganado que grandes marcas internacionales se quieran asociar a él.

Otras cosas no han mudado. La vida sigue igual de espectacular en Cape Town. Cambiar invierno por verano es siempre adorable. La lluvia sin stop de las últimas tres semanas en casa se ha convertido en sol perenne en nuestra nueva ubicación. Los manguitos, solo cuando salimos a pedalear antes de que se haga de día, es la única pieza de ropa larga que nos hace falta. Chubasqueros, mallas, guantes y gorros, cazadoras... se han quedado en tierra. En mi maleta solo ropa ligera y sueños pesados. 
Dicen que a los buenos amigos no les importa cuando tiempo haya pasado desde la última vez que han estado juntos; que desde el primer minuto uno siente como que ese último día ha sido ayer. O hace unas horas. Sin necesidad de ponernos al día, Richard y yo reímos, hablamos, vivimos y… entrenamos. Me sorprende su nuevo salto de calidad en el agua. Más que salto, una continua progresión desde que en su cabeza vive la palabra triatlón. Durbanville es nuestro centro de operaciones, desde donde fácilmente nos movemos a Stellenbosch o Ciudad del Cabo. La experiencia del pasado año, la confianza con mi familia sudafricana y mis progresos con el inglés, hacen que en este segundo capítulo me sienta realmente a gusto. Entre agradables entrenamientos bajo un Sol perenne y algún compromiso, van pasando los días. Aunque también hay tiempo para el relax. Un fin de semana en familia para celebrar el cumpleaños de “mis” padres. Vamos a Arniston, un pequeño pueblo de pescadores. Doscientos kilómetros en coche desde Ciudad del Cabo funcionan como una máquina del tiempo trasladándonos a otra civilización: sin internet, sin TV y sin teléfono. El relax está asegurado. 

Más cuando vemos nuestra casa para estas mini vacaciones: una acogedora construcción al borde del Índico, con la playa tan solo alejada por nuestras ventanas. Pero el relax no nos exime de nuestras responsabilidades. Aunque les damos un toque especial, las sesiones de carrera a pie discurren por Parques Naturales o son directamente trails por la arena de la playa o sus espectaculares acantilados. ¿Y en bici? No hay mucha diversidad, una única carretera asfaltada es la que llega hasta Arniston. En ella nos embarcamos con la idea de llegar hasta un punto místico. Cape Agulhas es el punto más al sur del continente africano, el lugar donde confluyen el Atlántico y el Índico. Foto conmemorativa, una postal para regalar y un pastel de carne para afrontar con garantías los 70km de vuelta.
Los días pasan, volando, y en breve ponemos punto y aparte a esta bonita primera etapa de pretemporada. Los sueños se entremezclarán con la especia que mejor condimenta nuestra vida deportiva: la competición. Mi debut será en la Cape Town ITU African Cup. Pero las sensaciones que allí viva, junto con los retos y sueños que guían mis pasos, tendrán cabida en mi próximo Universo Tri.

17 de enero de 2013

III TRIATLON INTERNACIONAL ISLAS AZORES


Las dos horas de duración del vuelo que nos traslada hasta el archipiélago de las Islas Azores desde Oporto son una tortura. ¿Para qué habré venido? Pienso mientras me retuerzo de dolor. Un virus me golpea desde la pasada noche. La temporada iniciada en Febrero comienza a parecer interminable. ¿Será solo una señal de mi cuerpo pidiendo las ansiadas vacaciones? Un pequeño respiro durante la hora anterior a partir hasta Oporto fue suficiente para auto convencerme de que estaba en condiciones de viajar. Eso y los atributos de mi destino: exuberantes, exóticas...las Islas Azores.

Dos taxis nos esperan a las puertas del aeropuerto de San Miguel, la mayor de las nueve islas que forman el archipiélago. Tras la clásica partida de tetris para encajar bicicletas y equipajes en los vehículos, nos dejamos seducir por la animosa conversación del conductor. Como él mismo nos explica, los únicos taxis del mundo sin taxímetro; cosas de las escasas distancias de la isla, recuerdos de un pasado cercano donde el archipiélago vivía de espaldas al continente. Esa aún reciente apertura como destino turístico, hace que las Azores conserven todo su encanto y tantas peculiaridades. En el hotel nos reunimos con parte de los competidores. Mi compañero Brais Canosa se junta con ellos para cenar. El virus estomacal y el fuerte dolor estomacal con el que me agasaja me aconsejan meterme ya en la cama esperando que mañana sea otro día.

Y lo es. Me levanto mejor, incluso pruebo a desayunar sin causarme nuevos trastornos. Montamos la bicicleta y en ella exploramos los encantos de la Isla a través de una carrera que serpentea al lado del mar sobre acantilados que muestran el origen volcánico de esta tierra. Los abrigos se quedaron en el continente, la temperatura raramente baja de los 15ºC durante todo el año. Pero si algo hace especial a las Azores es la sensación de estar perdido en el medio del Atlántico, un oasis de paz y exotismo en algún lugar entre Europa y América.

De vuelta al hotel paramos en las oficinas de la Asociación Portas do Mar, con la dirección de Carlos Martins, promotor de este triatlón internacional. Ahí recogemos los dorsales para la carrera; el número 1 me invita a luchar para repetir la victoria del pasado año. Quedan solo unas horas para el inicio pero apenas se ven indicios de que una prueba vaya a discurrir por el paseo de Ponta Delgada. Tranquilidad. El Triatlón Portas do Mar sigue creciendo en su tercera edición, sin olvidarse de ser una prueba familiar con algún invitado con nombre, que escenifica de forma entrañable los inicios del triatlón en cualquier lugar del mundo.

Tiempo de carrera. Chip competitivo en "modo on". Dos días sin apenas comer y con los dolores propios del virus me hacen albergar alguna duda que disipo recordándome mi buen estado de forma tras los duros entrenos de las últimas semanas con el objetivo de defender este número 1. La salida es fulgurante. Dejo hacer al internacional portugués Tiago Maia colocándome a su estela. ¿Será suficiente su fuerte ritmo para romper la carrera? Aprovecho el paso por las dos boyas para situar al resto de triatletas. Los franceses Julien Leroy y Nico Alliot ceden unos metros. Brais está un poco más atrás. Intentando ahorrar las máximas energías, sigo a los piés de Tiago mientras nos acercamos a tierra.

La humedad hace que sintamos algo de frío mientras damos las primeras pedaladas. Paso al portugués y me acerco a la moto que abre carrera. No hay tiempo para especular. Los dos franceses y un participante del triatlón por relevos se nos unen tras un buen arreón formando un quinteto cabecero. No quiero que la carrera se detenga, así que asumo mi responsabilidad marcando el ritmo. Mi esfuerzo anima a los compañeros. Pronto somos cuatro los que nos rulamos en cabeza; cinco cuando Leroy también se decide a aportar. Por detrás, Canosa lucha en solitario en nuestra caza. Un posterior pelotón lleva a la belga Karolien Geerts cogiendo ventaja sobre la otra favorita por el triunfo, la portuguesa Rita Lopes, posterior vencedora.

Canosa no cede un ápice hasta los dos últimos giros. Ahí ampliamos la ventaja y empezamos a intuir que de nuestro quinteto va a salir el próximo ganador. Sigo empeñado en que no se detenga la velocidad, así que generoso, no dudo en entrar en la rueda cuando alguien escaquea su turno de tirar en cabeza. Los últimos metros, sinuosos y estrechos, que nos llevan a boxes los hago en cabeza. Me coloco rápido las zapatillas, no lo suficiente como para neutralizar al equipo de relevistas que, tras el choque de manos, cede el testigo a su corredor que ya se escapa por el paseo.
 El francés Leroy se pega a mi espalda. Acelero como si de una carrera de una milla se tratase, dejando atrás a mis compañeros de fuga. Correr en cabeza siempre otorga un punto extra de motivación. Zancada a zancada reafirmo mi idilio con el cemento del puerto de Ponta Delgada. Tanto que consigo alcanzar y rebasar al corredor del equipo de relevos. Por detrás Brais inicia una meteórica remontada que lo aúpa al segundo puesto del cajón por delante del francés Nico Alliot. Los teóricos cinco mil metros resultan ser bastante más largos. Hoy no me importa. Es uno de esos días en los que me siento capaz de todo para luchar la victoria. Además, más tiempo para disfrutar. Mientras me obligo a seguir forzando me comienzan a visitar diversas imágenes-recuerdo de esta larga temporada: las últimas carreras donde no pude ser competitivo, el mal campeonato de España en casa; pero también la victoria en Polonia en agosto, la anterior fantástica preparación culminada con mi soñado debut en la Copa del Mundo. Y aún antes, las pequeñas decepciones de las primeras pruebas europeas, y los kilómetros y experiencias bajo el sol de Sudáfrica... Y todo se remonta al pasado año, victoria en mi debut en las Azores, ese titular que vuelve a estar de actualidad un año más tarde cuando, despacio, queriendo saborear el momento, vuelvo a levantar la cinta de meta: “Ruanova conquista el Atlántico”.

4 de diciembre de 2012

LA MEJOR LIGA DE TRIATLON DEL MUNDO


France Grand Prix, la mejor liga de triatlon del mundo. Cinco etapas, distintos formatos y distancias. Dieciséis equipos masculinos y trece femeninos que luchan por enfundarse el maillot tricolor de Francia como campeones. Pero, ¿qué hace tan especial al Grand Prix? Profesionalidad, reconocimiento, prestigio, innovación, competitividad, espectacularidad, emolumentos y buen ambiente.

Profesionalidad. Lo recuerdo como si fuese ayer. Mayo del 2009. Recién fichado por el entonces humilde equipo recién ascendido, Saint Jean de Monts, me desplazo hasta Dunkerque para bautizarme con la élite mundial. El manager me recoge en el aeropuerto. Fuera nos espera el resto del staff técnico y la furgoneta del club. Decorada con los colores de los patrocinadores y con los nombres de los catorce corredores que formamos el equipo élite. Una pequeña ONU: franceses, rusos, americanos, aussies, italianos, checos, húngaros, kiwis,... Ya en el hotel, una bolsa nos espera a cada uno sobre nuestra cama. Ropa de entrenamiento y competición, de ciclismo y de carrera a pié, de invierno y de verano. Un par de zapatillas. Toalla... Todo con los colores azul y amarillo del St. Jean de Monts.

Reconocimiento. Debidamente equipados, todos con los mismos colores, nos disponemos a conocer los circuitos para la carrera del día siguiente. Las risas y el buen ambiente dominan el fin de semana. El "inglés-afrancesado" es el vehículo con el que nos comunicamos. Incluso puro francés durante el briefing del equipo donde exploramos la táctica para la carrera. Desde el primer minuto en el aeropuerto, con cada detalle, nos sentimos reconocidos. Tan valorados que nos creemos en un equipo grande de cualquiera otro deporte de los llamados de masas.

Prestigio. Día de la prueba. El staff se encarga de preparar nuestras bicis, llevar las mochilas. Calentando se advierte la magnitud de este evento. Por un lado, los compañeros: campeones del mundo, medallas olímpicas. Por otro la organización: cámaras de televisión grabando y haciendo entrevistas, zona de atletas con todo lujo de detalles, y público, mucho público. A boxes entramos los cinco componentes del equipo juntos. El capitán firma en la hoja de unos protagonistas árbitros que lucen publicidad en sus uniformes. -"No se te ocurra hablar con ellos. Cualquier problema lo habla con ellos el manager. Te pueden descalificar"- Amplios boxes separados por equipos. No se deja nada al azar. Cada uno está decorado con los colores y patrocinadores de cada club.

Innovación. Zona de salida. El pontón separado por clubs. Por orden segundo el resultado del pasado GP somos llamados para escoger lugar. El gorro de distinto color segundo el equipo, ayuda a situar la carrera a los espectadores. Los recorridos siempre espectaculares. Desde el año pasado, el tradicional formato de triatlon sprint se compagina con pruebas mini-sprint de relevos o contrarreloj por equipos. Siempre repensando en pos del espectáculo.

Competitividad. Y debería añadir aprendizaje. Cada carrera en Francia es una clase maestra. Nataciones estrechas, con boyas cercanas, en mar, canal o río. Y golpes, muchos golpes. Máxima concentración. Como dice el conocido presentador: si pestañean se lo van a perder. Si yo pestañeo, pierdo siete u ocho posiciones. Tras superar el primer embudo, me relajo y disfruto sintiendo la presión del resto de triatletas por progresar. Últimas brazadas antes de tocar tierra. Otro momento crucial. Aunque, ¡qué demonios!, aquí cada segundo es crucial. La transición es siempre a cara de perro. Corazón saliendo por la boca y nervios de cristal para realizar bien el cambio. Ciclismo sinuoso: rotondas, curvas, estrechamientos,... Y mucha mucha velocidad. Los segundos de frenada antes de cada curva son el único respiro dentro de esta tortura de 20 km.

Espectacularidad. Últimas pedaladas. Al ritmo frenético se suma la tensión para hacer una buena transición. Frenazos en el último segundo, acelerones para progresar, toques. Nos desabrochamos las zapatillas aguantando el equilibrio apoyándome en el codo de otro triatleta dentro del pelotón. Piel de gallina. Adrenalina para despegar del asfalto en el último segmento. La lucha por entrar bien colocado en la T2 es un reflejo de la vistosidad del Grand Prix. A tope desde el primer al último metro, peleando hombro a hombro con extraterrestres como los Bronwlee, Gómez, Murray, Justus, Vidal. Hauss, Brukhankov, Kahlefeldt, Silva,...

Emolumentos. Todo está grabado por las cámaras de Sport+. La televisión y la cultura de deporte que reina en Francia, que no de ídolos como sucede en España, hace posible que los triatletas veamos bien recompensado nuestro esfuerzo. Bien a través de primas por resultado, fijo por salida, o una combinación de ambas, uno pelea cada puesto sabiendo que el premio económico nos puede salvar el mes. Con todos estos ingredientes, normal que mi garganta saboree sangre. Mis piernas no saben ir más rápido. Y aun así me veo de tropecientos dentro de una larga fila. No pierdo la calma, la escasas diferencias hacen que puedas progresar rápidamente si tienes fuerzas, o si eres capaz de expandir un poco más el umbral de sufrimiento. 5 km de vértigo que culminan cincuenta y tanto minutos de puro triatlon.

Buen ambiente. La clasificación del GP es por equipos, puntuando los tres mejores de cada club. La lucha por el título es voraz, pero nos más que en la parte baja de la tabla. Los tres peores equipos descienden a la segunda división (D2). El carácter colectivo torna la competición más sana. Los equipos te hacen sentir en familia. El buen ambiente, sin restar un ápice de competitividad, domina cada fin de semana del GP. Eso por no hablar de la última prueba, donde una gran fiesta con todos los partícipes de este espectáculo es casi tan ineludible como la propia carrera

La mejor liga de triatlon del mundo: "Bienvenue au Grand Prix", pasen, luchen y disfruten.

16 de octubre de 2012

TRABAJO, ESFUERZO E ILUSIÓN


Primera semana de Abril. Mientras me reinstalo en casa con los parajes de Sudáfrica aun frescos en mi retina, varios mensajes colapsan por unos instantes mi teléfono: -"¿Has visto lo que ha hecho tu amigo Murray en Sydney?”- Mi compañero de fatigas y vivencias durante los últimos casi cinco meses, acababa de asaltar el podio en la primera prueba de las World Series 2012. Luego llegaría otro podio en San Diego; y hasta una victoria en Hamburgo sobre el infatigable Javier Gómez. Alguna gente, aunque en menor medida, me seguía escribiendo tras tales logros. Muchos preguntaban si me sorprendía. Sinceramente, no. Quizá su precocidad. Aparecer en el podio así, medio de repente, en la máxima competición de este deporte, es una hazaña reservada para unos pocos elegidos. Pero Richard es uno de esos triatletas tocados con varita mágica. Un elegido. Sus dotes genéticas para las dos ruedas y la carrera a pié son evidentes. Campeón precoz tanto en diversas pruebas atléticas como sobre la bicicleta en su país natal. Hasta dos títulos de campeón mundial junior de duatlón, por delante de galgos como Alistair Brownlee o Mario Mola, adornan su palmarés. Pero ojo, nadie está ahí arriba en un deporte como el triatlón sin cantidades industriales de trabajo, esfuerzo e ilusión. En su caso, algo fácilmente demostrable con sus progresos en el agua, donde pasó de nadar en 25 minutos los 1500m, a bajar de los 18´ en pocos años.

Factores genéticos. Esfuerzo y trabajo rozando el infinito. Nos queda otro elemento para explicar su éxito. En su mente solo hay sitio para una palabra: ganar. Ambición superlativa. No entiende de límites sino de la manera de superarlos. Sus comienzos en el “triple deporte” no fueron fáciles. Ahí entra en juego sus ganas de crecer. Su reinado en el duatlón parecía al alcance de los dedos. Lucha en busca d retos. Él quería reinar entre los más grandes. Trabajó la natación para ser competitivo en el triatlón. Quizá se le pueda acusar de egoísmo. Pero sus caminos tienen una razón y un destino: el triunfo. Recuerdo una ocasión en la que su padre me explicaba, medio en broma medio en serio, como educó a Richard: -“Desde pequeño le dejé claro que ganar no es lo más importante. Ganar lo es todo”- ¿Exageración? Desde luego su educación consiguió algo impagable: no tiene límites preconcebidos, no hay imposibles. Richard lucha por ser el mejor del mundo en triatlón. –“Sé que no es fácil Antón, pero si no lo consigo, me dedicaré a otra cosa en la que pueda ser el mejor”-.

Algunos de esos mensajes que me llegaban tras alguno de sus éxitos también incluían una pregunta tras mostrar su sorpresa: -"Si tu entrenabas todo con él, ¿para cuando vas a estar tú en las World Series?"- Sus resultados son impresionantes. Me quedo con Sydney. Por ser su primer gran golpe en la mesa. Por ser tan solo unos días después de convivir con él. Meses en los que hicimos juntos no menos del 90% de las sesiones. Ese podio, esos resultados, fueron una gran alegría para mí. Una demostración de que, con algunos de esos ingredientes que antes cité como humilde aproximación a la receta de triatleta de élite, se puede llegar a lo más alto. También mentiría sino dijese que su progresión a su vez clarifica mis carencias. Aunque todo lo vivido con él me hace avanzar en mis teorías de que en esto del deporte no hay reglas mágicas. Por mucho que algunas teorías y entrenadores lo intenten, los deportistas no son robots. Todo lo contrario. Cada persona necesita un diferente tipo de entrenamiento. La adaptación y el aprendizaje continuado son dos factores ineludibles en la búsqueda de las máximas prestaciones. 

La experiencia de Sudáfrica me permitió aprender entrenando con algunos de los mejores triatletas del mundo. Pero lo que más valoro es lo que ha supuesto para mí en cuanto al conocimiento de mi cuerpo, de mi personal realidad. Ahora soy más consciente de lo que realmente funciona como un estímulo positivo para mi crecimiento, como sé mejor qué no lo consigue. Prueba y error. Lo que se presentaba como un apasionante reto, una temporada 2012 que se alumbraba desde el calor y los kilómetros de duros entrenamientos en Sudáfrica, ha ido languideciendo con mediocres resultados lejos de mis expectativas. Eso sí, lucharé para despedir con buen sabor de boca el año, con alguna alegría en forma de buena carrera que me ayude a sumar para el próximo reto: el 2013.

Así, mis resultados contrastan más si cabe con la explosión de Murray. Pero sea en Sudáfrica de nuevo, o en cualquier otro sitio, ahora tengo nuevas armas de conocimiento para buscar expandir de nuevo mis máximas prestaciones. Mientras seguiré entrenando y disfrutando con Richard siempre que pueda. Y mientras yo sigo buscando mi camino de llegada a las World Series, él nos seguirá deleitando allí con nuevos podios y nuevos triunfos.

7 de octubre de 2012

CAMPEONATO DE ESPAÑA SPRINT DE TRIATLON

A sus puestos.... ¡Piiiii! Cuatro, seis, ocho brazadas. Miro a un lado. Al otro. Me desvío hacia la derecha buscando la protección de unos pies que me ayuden a avanzar. Golpes. La punta de flecha se sitúa demasiado lejos de mi. No pasa nada, yo me lo guiso. Pongo mi ritmo esperando despegar sobre el agua. Más bien, apenas consigo despegar mis brazos. La brazada se atranca por mucho que intento aportar fluidez. Voy atrás. Malas sensaciones, mala colocación... me pongo nervioso. ¿Podemos resetear y volver a empezar?

Enfilar la primera boya tan retrasado no suele ser muy gustoso. Golpes que incrementan mi absoluta incomodidad en estos 750m de natación. -"Tranquilo colega, esto no es como empieza sino como acaba"- me repito para autoconvencerme. Empiezo la remontada. Por mucho que me inyecto energías mentales, las sensaciones no mejoran. Mi cabeza ya piensa en sufrir con todo sobre las dos ruedas. Al menos progreso algún puesto. Al menos la incomodidad se transvasa en calma chicha preparando fuerzas para lo que me espera.

Larga, larguísima transición. Me cantan 15" de desventaja con los líderes. He podido remontar más de lo que creía. Corro con todas mis fuerzas. Mangas del neopreno fuera. Gorro y gafas en la mano. Ya delante de mi MASSI pataleo cual karateka para deshacerme del neopreno mientras me coloco el dorsal y el casco. Segundos vitales antes de volver a correr poseído hasta cruzar esa línea de montaje donde comienzo a pedalear. Sin tiempo para pensar. Solo veo triatletas que voy cazando en busca del primer pelotón. Empezando Garabitas busco colaboración a sabiendas de lo complicado de mi misión persecutora. Apenas me ayudan dos valientes, Genís Grau y Ognjen Stojanovic.

¡Cómo cambian las tornas! Todo lo que era apatía en el agua, se transforma soltura sobre la bicicleta. Disfruto sintiendo como mi corazón se dispara en la pendiente. Pero esta vez no va a poder ser. Creo que araño algún segundo, pero el grupo cabecero sigue lejos de mi alcance. Sin pensar un segundo como estaría la carrera por detrás, nos absorbe un gran grupo liderado por Óscar Vicente. Tremenda la segunda subida que hacemos a su rueda. El pelotón de líderes se va haciendo cada vez más nítido a nuestra vista. Lo poco que puedo ver, el ritmo es una tortura.

Justo antes de bajar, entro en el grupo. ¡Ufff!, respiro. No apostaría ni un helado a que lo conseguiría cuando me sentía atrapado con el neopreno en la natación. Última vuelta. Último repecho. Tímidos ataques salvo un buen palo de Raña. Segunda Transición. Ataco demasiado pronto. Me quedo sin fuerzas justo cuando había que tenerlas para colocarse. Empieza el caos.

No hay línea de desmontaje. Pasillo estrecho que provoca caídas y pisotones. Los conos señalan mal nuestro recorrido en boxes. ¿Seguimos? Un juez nos manda llegar hasta arriba. Otro que tenemos que pasar tras él al fondo de boxes. Las barras donde debemos colocar nuestras bicis no tienen número con el que podamos localizar nuestra posición. Los 40€ de inscripción tampoco llegan para pegatinas que numeren las cajas donde tenemos que colocar todo el material. Conclusión: la ley de la jungla.

Unos hacemos todo el recorrido previo salto de conos. Otros incluso hacen más, llegando dos veces al fondo de boxes. Y los más "listos" por no decir tramposos, salen de boxes sin recorrer el pasillo y ganando no menos de 15". Entre ellos, el "ganador" oficial que para mi no real, Óscar Vicente. Los últimos 5km no tienen historia para mi. Malas sensaciones que solo puedo despistar en los minutos finales. Undécima posición para mi, y subcampeonato de España para el Arcade Inforhouse. Pero el cuento no es ese, el cuento es la vergüenza de organización. A las equivocaciones de jueces y falta de recursos materiales y personales (los económicos si fluyen correctamente con un fin de semana de buen business multiplicando caras inscripciones por miles de inscritos) se suma la inseguridad que sufrimos durante el recorrido ciclista: ambulancias y coches en contra mano, ciclistas, paseantes y perros cruzando delante de nosotros sin la menor señalización,...

Es hora de los deportistas. En un gesto que parecía imposible, unos veinte atletas entre los que estábamos prácticamente todos los que luchamos en cabeza, nos unimos para reclamar nuestros derechos. Lástima que siempre haya alguno que solo mire para si mismo. Y más lástima que algunos se retractaron de lo firmado defendiendo la validez de unos resultados absolutamente desvirtuados. Poderoso caballero es Don Dinero. Pero es la hora de los deportistas. Solo nosotros, la unión, puede defendernos ante tantas situaciones donde vemos pisoteados nuestros derechos.

21 de septiembre de 2012

GRAND PRIX FINAL NIZA

Cote d´Azur. Niza. Nos acabamos de tirar al Mediterráneo. Compitiendo uno ni se entera de esas enormes piedras sobre las que tuvimos que correr antes de entrar en el agua. ¡Con lo que dolía hacerlo simplemente andando durante el calentamiento! Cojo el rebufo de mi compañero Brukhankov. Me siento poderoso sobre el agua. De repente veo que se está escorando hacia la derecha. Instantes de duda con el corazón latiendo a 180 batidos por minuto. ¿Qué hago? ¿A donde voy?

Sigo mi camino. Solo. Me intento escorar hacia la izquierda buscando la protección de algún nadador. A todo esto, sigo empujando tan fuerte como puedo. Llegando a la boya reconozco a Jonathan Brownlee nadando a mi lado. Agarrones, golpes. Pierdo mis referencias. Y varios puestos al quedarme encerrado. La vuelta a la orilla, con las olas a favor, se me pasa volando. Consigo divisar que hay una pequeña escapada delante. Yo voy bien colocado dentro de una marea de gorros multicolor (cada equipo tiene su propio color distintivo) Tocamos las piedras, ni rastro de arena que amortigüe las zancadas. Siempre agónica transición. Casco en su sitio. Salto sobre la bicicleta. Aprovecho los escasos 50m antes del giro de 180º  para abrochar las dos zapatillas mientras hago equilibrios tocándome con otros ciclistas. Primer latigazo a la salida de la curva. Solventado. La carretera es un continuo cúmulo de baches que ante la elevadísima velocidad que llevamos nos mece cual bebé en su cuna. El único bidón que tengo se pierde en uno de estos saltos. Sabor a salitre para el resto de la prueba.

Siguiente giro. Zona de baches otra vez. A casi  60km/h parece incluso peor que el pavé. Vuelvo a agarrar fuerte el manillar para nos salir despedido. Ahora es la cadena la que salta de su posición. F..k! Pierdo muchas posiciones en el grupo, pero me restablezco tras un buen calentón. Hay que progresar. Las piernas queman. Mucho. ¡Vamos! Hay toques, quiebros, gritos,... Tensión. Lejos de asustarme, pongo reafirmo el modo competitivo y disfruto de la batalla. Se acerca la T2.

Mejoro mis prestaciones, aunque me bajo en torno a la mitad del grupo. -"¿Qué hace Tutukin?"- 
-"These are my shoes!"- 
-"Not, are mine"-
-"What the hell... are mine. Give them to me!"-
Finalmente mi compañero entra en razón. Hemos perdido unos 10 segundos preciosos. Salgo a correr pensando en volar. Rápido gano varias posiciones. Justus, una buena rueda. Cierro los ojos y me pego a su espalda. No he completado ni 500m y ya solo pienso en parar. Ahhggggrrr. Piernas? Pecho? ¡Me duele todo! Respiración fuerte. Suelto brazos, me relajo... diez segundos. O antes, todos los dolores vuelven a visitarme. A lo lejos veo ya a Justus, ese vagón hacia la gloria en el que solo aguanto un kilómetro.

Sigo apretando. Corremos varios triatletas juntos. Pocos segundos significan varias posiciones. Otra carrera más con malas sensaciones. Pero aprendo a remar contracorriente. Últimos 500 metros. Me lanzo en un sprint que me regala un par de posiciones. 38º. Hubo 37 triatletas mejores que yo. Bienvenidos al Grand Prix.

Mientras nos relajamos charlando en post-meta, aguardamos con impaciencia los resultados. Nuestro máximo rival por el podio, Poissy, acaba de hacer un carrerón que lo aúpa al segundo puesto de esta úlitma etapa. Saint Jean de Monts finaliza en la 6ª plaza. ¿Será suficiente? Por un solo punto, por un suspiro, pero aguantamos esa espectacular tercera plaza del podio. Primer podio en la historia del equipo en la general del Grand Prix. Tras una ceremonia que disfrutamos como niños, toca la celebración del equipo en el hotel. Champagne. Risas. Abrazos y besos. Viva la France! Viva el Grand Prix. Viva el St. Jean!
Posted on viernes, septiembre 21, 2012 | Categories: